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Terra
La Coctelera

Cien Volando

Gorrita tiene trece años. Trabaja como changarín en la puerta de un supermercado. Sostiene una mirada con ojeras curtidas. Su gorro dice The Angeles Lakers.
Cuando ríe le sobresale una mandíbula huesuda. Él labura, los chicos de su edad juegan. Los dedos parecen escarbadientes y el anillo baila en el dedo medio que usa para el Fuck You. Habla con la voz rota de un fumador de cincuenta y cada cinco palabras larga un escupitajo que aplasta como a una cucaracha.

— Ayer junté buena plata— le dijo a Juanchi (su amigo)
— ¿Cuánta plata tenés?— preguntó Juan.
Gorrita sacó cuentas con tres dedos.
— Ahora unos quince pesos, más o menos — dijo y lanzó un escupitajo verde—.
Tomó un cigarro y golpeó el filtro contra el marco de la puerta, largó su primera bocanada.
Una mujer salió con dos bolsas en cada mano. De ruleros y el pelo tenido de rubio casi amarillo. — Le ayudo, señora — dijo Gorrita—. La mujer le contestó con una mueca y Gorrita interpretó la seña como un no.

—No hay caso— dijo Juan—: La gente habla cada vez menos.
— Sí. Pero ésta ni eso. Pedro habla más que esa vieja.
— Tu loro es un pelotudo que repite puras boludeces, parece un disco rayado.
— Ja, rayado…, rayado es lo que me vendió el Manco.
— ¿Qué pasó?
— No te conté.
—…
— ¿Qué tenés ahí? — dijo Juan—. Gorrita sacó dos cajas amarillentas de preservativos Gentleman. Juan lo miró y le dijo: Para qué comprás si no cojes. Gorrita soltó una risa y echó la cabeza hacia atrás.
Se lo afané al novio de mi hermana cuando estaban en la pieza, yo escuché todo — dijo —. Juan arrojó carcajadas y la risa sonó hacia el fondo de sus tripas.
— Sos un hijo de puta — dijo Juan.
— No. Hijo de puta es el que está ahí.
— ¿Quién? — exclamó Juan.
— Ése que vende CD truchos — dijo Gorrita—, le compré dos: uno se escucha para la mierda, se corta todo. El otro me tocó con temas repetidos. Pagué doce pesos y el forro se quedó con la plata. Me dijo: “la garantía está afuera”.
— Mirá a quién le compras, al manco ¡Ése es un garca!
— Sí. Y dice que perdió los brazos en la guerra. Para mí perdió los brazos por vender esos CD de mierda, seguro que le vendió a un carnicero.
— jajajá.
Gorrito infló un preservativo y escribió con fibrón…
“Más vale pajero en mano que cien volando”.
— ¿Qué significa? — preguntó Juan.
— Qué se yo. Mi abuela siempre sale con esa frase.
— Es pájaro — corrigió Juan—. Gorrita dudó por un momento. Rascó su cabeza y dijo: Pajero es un pájaro, ignorante.

jajajá. Sí, claro — bromeó Juan— Un pájaro de África, y qué más.

— Por qué te reís si salió en Discovery Channel — dijo —. Separó en silabas y gritó:
PA-JE-RO.
Es un pájaro que vive en África, infeliz — exclamó con bronca—. Y encaró a una mujer que salía del mercado.
La joven salió con un carrito repletó de electrodomésticos. “I love New York”, la remera mostraba un piercing junto al ombligo. El pantalón de jean ajustó la circulación de las venas. Gorrita plantó su cuerpo huesudo frente a ella.

— Disculpe señora ¿Quiere comprar un globo? — dijo en tono angelical —. Todo el dinero recaudado será destinado a la parroquia San Vicente.

La mujer le dice que cuánto cuesta. Gorrita le dice lo que usted quiera.
— Te dejo diez pesos— dijo—. Tomó el preservativo entre dientes y sacó el billete.

Juan quedó colorado y contuvo la risa. Algunas lágrimas caían sobre su cara mientras contemplaba la rapidez de su amigo. Gorrita quedó serio, firme. Como un soldado que espera la orden de un general.

— Acá tenés — dijo la mujer—.

— Muchas gracias — dijo Gorrita—, y le guiñó el ojo a Juan

¡Ahí está!, misión cumplida, dijo. Juan lo miró entre risas, no podía creer cómo su amigo había engañado a esa mujer con palabras. Qué raro que no te dijo nada, le dijo Juan.
—No dijo nada porque ella sabe que pajero es un pájaro de África — corrigió—.
La frente en alto, orgulloso.
— jajajá, no fue por eso, te decía por el forro.
— El único forro acá es el Manco — dijo—: Cuál es la diferencia entre el globo y el forro, si los dos están con aire nadie se da cuenta.
— Tomá los diez pesos. Comprá cuatro sángueches de miga, ah y trae un Marlboro Box.
Juan tomó el dinero y cruzó hacia el frente. Bueno, en realidad desapareció con la plata. Gorrita lo esperó durante más de tres horas, lo buscó por toda la cuadra y regresó al lugar de siempre: la puerta del supermercado. Cargó sus pulmones e infló otro preservativo. Escribió su epitafio…
“Más vale plata en mano que darle el dinero a un pajero”.

Por Donal

Dale Gas

Febrero 2007

El Chaqueño Palavecino reventó los parlantes en un segundo piso. Tempranito, 10 de la mañana, en el barrio 2 de Abril, en Caleta Olivia; ahí en donde la policía entra poco y nada. En el tercer piso crujía música de Reggaeton y el vecino de enfrente le daba a la cumbia villera.
En el último escalón escuché una radio mal sintonizada. Música clásica, quizás era Vivaldi o Mozart. La melodía se mezcló con la voz del Chaqueño y los timbales de la cumbia villera. Todo sonaba a la vez y casi a la misma potencia. En ese mismo piso alguien escuchaba rock y dejó el sello en la pared, bien prolijo, bien pintadito; en una pared que temblaba con ritmos y sonidos...


Por Donal.

Puerto Deseado.

Febrero de 2007.

Magallanes bautizó el puerto como Bahía de los trabajos forzosos, en 1520. El corsario Tomás Cavendish llegó en 1586 y nombró el lugar como Port Disire. Más adelante, en 1883, Charles Darwin y Robert Fitz Roy desembarcaron en el puerto.
487 años después de la primera exploración de Magallanes, en el 2007, me presento en Deseado, un día domingo. Frente a mí está el sol en su máximo esplendor. Capaz de derretir cualquier plancha de hielo.
¿Quién dijo que en el sur hace frío?
Trabajo forzoso: el único signo de trabajo fue un perro que mordía su cola para arrancarse una garrapata. Ahí, tendido sobre la calle Ameghino, cerca de la plaza; donde desembarcaron camionetas 4 x4 en las calles desiertas.

Provincia de Santa Cruz. Deseado tiene 13.000 habitantes. Para entrar al pueblo hay que tomar un desvío por Ruta 3 y seguir una recta interminable de 127 Km. por ruta Nacional 281. Deseado está a 730 Km. de Río Gallegos.
El pueblo más cerca es Jaramillo, a 117 Km., sobre ruta Nacional 281.
El Calafate es la población que está más lejos de Deseado, está a 781 km.

Ruta Nacional 281. Una recta de 127 Km.

Domingo, 13.00 PM.

¿Dónde está la gente? Razones: la pesca del tiburón y la peregrinación a la Gruta de Lourdes.

La gente recorrió 15 Km. sobre Ruta Nacional 281 — la distancia que separa la Gruta del pueblo— Para ingresar hay que recorrer 3 Km a pura tierra. El santuario de Lourdes nació en 1947 y la primera procesión se realizó el 27 de septiembre de ese mismo año. El lugar es un descampado, en donde el sol, el viento y la tierra, golpea más fuerte que las olas que vivió Magallanes en 1520. La tierra vuela y se incrusta en los ojos y en los dientes. Busco sombra y encuentro sol. Allá, a un costado, veo una casita hecha en cemento: voy. Llego. Enciendo el primer cigarro del día. Por cada bocanada que expulso me trago un puñado de aire caliente y tierra seca. El panorama es el siguiente: mochilas con la cara impresa del Che, latas de cerveza de medio litro, Coca mezclada con vino de cartón; silbidos, chicas con remeras ajustadas y tetas gelatinosas que gotean sudor. Los pibes llevan remeras en la cabeza, casi todos están en cuero, como desafiando al sol. La gente sube y baja de aquella montaña, ahí donde está Lourdes, y a quien le debo mi visita gracias al calor y la tierra.

Calle desierta. Ameghino; 13:00 PM
El pueblo.
Quince kilómetros más allá está el pueblo: calles solitarias, todo muy limpio y ordenado. Los comercios están bajo llave y candado. El único lugar de trabajo es la estación de servicio. Claro, sin nafta no hay pueblo que se mueva y auto que funcione.
Los pocos seres vivos se concentran en la Plaza. Familias sentadas en sillas de plástico, mucho mate y gaseosa. En la plaza no hay sombra.

Conquistador. En 1621, el ingles John Narborough, trató de plantar bandera inglesa por esta tierra. Quería convertir a Deseado en un territorio británico.
Hoy, dos turistas ingleses caminan desorientados entre el silencio de la calle: él lleva un sombrero al mejor estilo Indiana Jones.
Ella sostiene un mapa y una mochila veinte veces más grande que la de un nene que cursa segundo grado. Caminan de la mano, se dicen cosas al oído…
Ella conquista con una sola mirada. Están a cientos de miles de kilómetros de su casa, pero no hay distancia que mate el amor.
Duerme la siesta. Chevrolet 3.600, década del '50. Frente a la plaza.

Familia. La calle Ameghino cruza a un costado de la plaza. Por ahí camina una familia de origen boliviano, por alguna extraña razón siempre vuelven al mismo lugar. Como una escena sacada de la película The Truman Show. El hombre lleva un bolso con un termo y la mujer carga a su hijo como a un canguro. Otro puñado de personas se concentra en el puerto, un lugar invadido por colores de todos los colores.
Desde arriba, Puerto Deseado parece un cuadro en óleo, no sé si Magallanes habrá notado ese detalle. Han pasado 487 años desde que él llegó a este puerto. Ya es un poco tarde para que largue una respuesta. Se lo tragó la tierra o se lo chupó el mar...


Nota: me quedé sin pilas cuando llegué a la Gruta, pero alcancé a tomar las fotos que se ven.

Por Donal.

Kiosco del barrio


Una chica de unos veintidós años, rubia, de pelo lacio y cara de muñeca, hablaba con el kisoquero del barrio.

— ¿Y esto qué es? — preguntó ella.
— Son luces de multicolor.
— Llevo una.
— Conocés las nuevas bengalas
— dijo el hombre.
— ...
— Salen cuatro pesos
— Bueno, llevo una.
— ¡Mirá lo que es esto! — dijo él. Y dejó sobre la mesa algo parecido a una dinamita.
— llevo dos.

la mujer pidió la cuenta y el hombre le dijo que eran veintitrés pesos, entonces ella se hecho atrás: — bueno...no sé, ¿dejo algo?. Porque sólo tengo veinte pesos.
El hombre pensó. Y dijo:
— Bueno, te saco la caja de multicolor.
— bueno — contestó ella en tono de "y si no queda otra".
— Ah!, tenés una moneda, ahí — exclamó él, que vio en la mano de la chica una moneda que bailaba entre sus dedos.
— Sí, pero sólo cincuenta centavos.
Por cincuenta centavos te podés llevar los mini-fósforos.
— Bueno
— dijo la chica. Y pagó con un billete de veinte, nuevito.

Yo estaba podrido de esperar, entonces, saqué un cigarro y miré al frente. Un cartelito, decía:
"Por favor, no encienda fuego porque hay pirotecnia".
Guardé el cigarro. Y por la cabeza se me pasó que encendía el pucho y sin darme cuenta una brasa rozaba la bolsa de la chica. Lo pensé y pude imaginar la explosión, y hasta el silbido de las cañitas y el sonido grave de ese petardo que parecía una dinamita, pero nada. Pensé demasiado, tanto, que tres personas se adelantaron con un cargamento de pornografía, entre las revistas pude ver a una mina en bolas muy parecida a Nazarena Vélez, era un dvd.

— Hola jefe, ¿cuánto es? — preguntó un tipo con tonada salteña.
— Cincuenta pesos — dijo él.
El tipo pagó y se fue con los otros dos.
— ¿vos qué llevas? — me preguntó.
— Un Philip Morris, común — le dije.
— No tengo.
— …

Por Donal.